Maravilla
peleó y ganó en Argentina. Pero así tenía que suceder: por un parte, la fuerte
inversión de capitales privados y estatales ejercían su influencia en la
construcción del combate, y por otra parte, la condición de campeón localista
hacían presagiar un final feliz. Murray demostró su fiereza: no vino a ser
partenaire, pegó arriba, pegó abajo y raspo. “Fue mía” (por la pelea) les gritó
a los hinchas desde el ring.
“Mucho
humo y pocas nueces, de la misma manera se ganó un Olimpia de Oro hace poco, lo
recuerdan”, escribió Federico Mollinari, octavo en anillas en los JJ.OO y
bronce en el mundial. Cuando suceden hechos inéditos (como el de la noche del
sábado) el ser humano se contagia, es un acicate para olvidar las penumbras de
la cotidianidad y, en este caso, son todos boxeadores. Le pasó a Fede, me pasó
a mí y seguirá pasando. De ninguna manera es alevosía por parte del atleta
olímpico. La prensa, otra que vende humo, también fue susceptible al contagio y
las portadas del domingo sólo hablaban de Maravilla. Algo novedoso: El boxeo le
compitió lugares de poder al fútbol.
La
hinchada apoyó al héroe local con cánticos atonales futboleros: “y ya lo ves, y
ya lo ves, el que no salta es un inglés”, “a estos putos les tenemos que
ganar”. La discursividad del fútbol atraviesa las capas de la sociedad,
disputando el poder frente a frente con uno de los eventos deportivos del año,
además lo discursivo no sólo remite a la oralidad y desde la televisión se observaba
a la gente enarbolando sus brazos, otra expresión futbolera de poder. Se piensa que el discurso es volátil, pero se
debe pensar en la materialidad de este, en su sentido. En argentina, el fútbol
es religión y también televisado por canales públicos, en un futuro no muy
lejano, si es que ya no es así, toda reflexión y acción popular será remitido a
la concepción futbolera.
Volvamos
al cuadrilátero. El debate previó al combate hablaba sobre la condición física
del campeón, muchos esperaban a uno parecido a su última pelea, la diferencia
radica en que él nació para ese combate y su preparación integral fue única e
inigualable. Desarmado en la ofensiva (nunca entró y salió), desordenado en sus
desplazamientos (motivo de su caída) y concedió el centro del ring. Maravilla
ingrávido como la gasa o la niebla.
Murray
salió con determinación en el octavo capítulo y desplomó a Maravilla, algo sintomático
en sus peleas. Recibió muchos golpes. Sintió el rigor del británico. “En 2013
será casi imposible que vuelva a pelear. No nos debemos olvidar de que tiene 38
años y las lesiones son más difíciles de recuperar”, reconoció Bordons, doctora
del campeón. Y agregó, sobre la lesión en la mano, que no fue en la misma zona
que la sufrida ante Julio César Chávez Jr. en septiembre pasado: "Sergio
se lastimó en el segundo round, pegando contra el codo de Murray. Fue hueso
contra hueso y perdió el hueso más débil. La anterior lesión fue en el
metacarpiano. Por consecuencia de la rotura, tuvo que forzar otras articulaciones,
como por ejemplo el brazo derecho".
Lo
claro es que Maravilla no volverá a pelear durante el 2013 y se espera su
última pelea. Lo oscuro es la resolución del combate: algunos explicaban a los
inexpertos que en el boxeo gana el que pega más, otros decían que todo bien,
pero que el fallo por puntos lo dio el INDEC y en Chile, seguramente, dirán que
los jueces eran los mismos que realizaron el CENSO.

No hay comentarios:
Publicar un comentario