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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Déjà vu


El deporte se sacude por ciclos, como la vida, los años después de lo extraordinario aparecen como continúas copias que unos intentan clonar, como si el fútbol fuera una ciencia. Y otros, sencillamente, aprovechan para aprender, implantar y renovarse. En nueve años, Messi no sólo se modernizó, sino, que rompió todos los récords de los hombres perros.

Escribo esto mientras pasan por la televisión los 74 goles de la pulga por Liga de Campeones: lo ha logrado en 91 partidos –por los 142 que jugó Raúl, otrora goleador del Real Madrid –su víctima favorita es el Milán con ocho goles e Iniesta su mejor socio con nueve asistencias. El 64 por ciento de aquella cifra lo logró con su pierna natural, la izquierda. Sin embargo, los tres goles que hizo frente a la trampa del Apoel chipriota fueron con la pierna derecha, porque “el poder de Messi no está en la lógica, sino en aquello ilógico e indescifrable para todos los demás, incluso para sí mismo” escribió Orfeo Suárez en su libro “palabra de entrenador”.     

Marcó 59 de zurda, 11 con la derecha y cuatro de cabeza. 11 de los 74 fueron desde fuera del área, dos de tiro libre y ocho de penal. Es el máximo anotar en un partido de Champions con cinco goles (frente al Bayern Leverkusen en la temporada 11-12), selló tres tripletes y 15 dobletes. Hartado de goles gambeteadores, cambio de canal apretando las teclas del control remoto. Subo dos o tres canales y freno. Pero, otra vez, se cruza la pulga en mi camino.     

Están pasando sus 253 goles por Liga Española. Parece un déjà vu. Lo engancho desde el principio: mayo del 2005 –con 17 años –anotó su primer gol después de una definición infinita tras pase de Ronaldinho. Melena fresca al viento y casaca número 30. El Real lo sufrió 14 veces.

El primer compacto parecía una copia del segundo. El movimiento que más se repetía eran sus diagonales infernales desde la derecha hacía el centro, hasta que Guardiola lo mandó al centro para convertirlo en un sinónimo de gol. “Soy un delantero centro mentiroso. El entrenador me habló muchas veces de que quería que jugara ahí y lo empezamos hacer. Era ideal dado nuestro juego en Barcelona, porque casi todo se arma desde el centro”, dijo después del 2 a 6 al Real.

Estaba en un tipo de paramnesia de reconocimiento, caracterizada por la experiencia de sentir que había sido testigo o experimentado previamente una situación nueva. El fútbol es un déjà vu constante. Nietzsche, el pensador alemán, advirtió sobre aquello del eterno retorno y cumplir años no es más que una constatación de aquel concepto como reflejo permanente de la vida, es un círculo que se puede recorrer por muchos y distintos caminos, pero siempre acabas viendo una parte similar de todos los momentos.

En 2006, posterior al paso del huracán Katrina que azotó a Nueva Orleans se rodó la película déjà vu protagonizada por Denzel Washington, que interpreta a un agente que viaja al pasado para impedir un ataque terrorista. Clásica bazofia gringa donde la categoría pierde su densidad para convertirse en producto de mercado.        

Por suerte, los récords de Messi también son un déjà vu, próximamente sumará más de 23 tripletes (actualmente tiene 19) por La Liga para superar a Ronaldo, Zarra y Di Stéfano. La jugada puede diseñarse de diferentes maneras, pero siempre terminará con el mismo paisaje: la pelota dentro del arco y Messi con el pulgar en la boca por su hijo o señalando al cielo con ambas manos por su abuela.

Quizás, leíste esta nota o fuiste testigo de una similar. Eso quiero decir que estas en un déjà vu. 


martes, 17 de junio de 2014

El sello

Gago pasó a Higuaín. Higuaín a Messi. Que si vengo que si voy. ¿Por adentro? No, mejor por afuera. El explosivo sprint dejó atrás a un bosnio. El fútbol moderno se caracteriza por encontrar y ubicarse en los exiguos espacios. Higuaín, lo sabe. Arrancó, después de la descarga, levantó la mano izquierda pidiendo el balón en la zona que le llegó.

También sabe que a Messi la descarga debe ser redonda y de primera, así lo hizo. Corrió de derecha al centro –como lo hace en Barcelona- al frente cuatro camisetas azules y uno que lo venía corriendo desde el centro de la cancha. Al borde del área le salió el central, lo esquivó, y los rivales terminaron chocando y desparramos en el suelo.

“Pegale, pegale, pegale, pegale; cantalo, cantalo, cantalo, cantalo, cantalo”, gritó el relator. Tiró ajustado de zurda, pegó en el poste izquierdo del ataque y entró pidiendo permiso. Avanzó un par de metros, miró al piso, agarró con las dos manos su camiseta número diez y la estiró. El maracaná vestido de albiceleste vociferó el gol.

“Ahora si te reconozco, ahora si sos Messi, ahora si jugas tranquilo, ahora si. Argentina dos, Bosnia cero”, dijo el narrador. Otra cámara permite resolver algunas cuestiones del gol: el bosnio que lo persiguió fue Besic, casaca siete. Que termina chocando con Bicakcic, número tres. Ellos impedían que pateara al arco, pero lo llevaron a su zona de confort, a su sello.      


lunes, 24 de marzo de 2014

Dueño del circo

"¿Equilibrio? La gente ya está cansada de hablar de eso, ahora hay que hablar de títulos. Hemos trabajado siete meses para construir una base sólida, una casa. Ahora hay que decorarla", declaraba Carlo Ancelotti el 27 de febrero. “El equipo está perfecto en 2014. Tiene equilibrio. De ahí el récord de siete partidos sin encajar un gol”, dijo tras el triunfo frente al Granada. Pero los especialistas, en Madrid, coinciden que la mayor carencia del equipo, es el equilibrio que ayer nuevamente fue factor.

En la primera apuñalada azulgrana, Gareth Bale le marcó con la mano izquierda a Dani Carvajal que Iniesta trepaba por su sector. Cuando Messi ya tenía el balón, Xavi ocupó el espacio de centro delantero llamando la atención del lateral merengue, dejando un vacío por el sector derecho. El resto es simple: el argentino con tres toques de pelota ya dejó de cara al gol a su compañero que encendió fuego al disparo. Pepe, central del Madrid, levanta los brazos mirando al gales por su falta de equilibrio. Iniesta apunta al protagonista de la historia.    

Si la espalda de Carvajal era un pasillo, la de Dani Alves era un paseo de compras. Barcelona al jugar sin punteros, tenía un retroceso fuerte por el interior, pero débil por las bandas. Di María se desdobló, provocando la trilogía merengue, junto con Marcelo y Cristiano provocaban el tres contra uno. De esa manera llegaron los dos goles del gato Benzema. “Tres balones le ha puesto Di María a Benzema, han sido dos goles y el otro no ha sido de milagro. La espalda de Alves es un pasillo para el argentino que además es muy bueno”, comentaba la televisión española. Quedaba mucho partido y el Madrid arriba tenía dinamita.

Messi apuró el pase por el interior eliminando la segunda línea del Madrid. Descargó con Fábregas que se le devolvió. Se ensució, pero pudo lanzar un pase para que Neymar la perdiera. La pelota, quedó allí, esperando a su dueño, que con dos toques empató el partido. Mientras el quilombo permanecía en el área intentando eliminar  jugadores, él corrió a buscar lo que le pertenecía. Poco le importó que el clan azulgrana fuera en busca de su enemigo más amigo, Pepe. Cuarto gol del partido, segundo del Barcelona.




Un palmo fuera del área. Pero Undiano Mallenco, árbitro del partido, pitaba penal. El siete del Madrid con pierna derecha marcó el quinto gol del partido, tercero del Madrid. De paso aumentó su marca personal de seis penales pateados, todos convertidos.

El dueño de la pelota filtró un pase espectacular entre medio de los centrales madrileños. Precisión quirúrgica. Visión panorámica al servicio del pase, velocidad y colocación integrados contra una defensa que no achicó. Neymar, que marcó la jugada, fue en busca de él, que ya pensaba desplomarse dentro del área. Sintió el mínimo contacto y se lanzó. Error del colegiado. Roja a Ramos, que junto con Di María no podrán jugar frente al Sevilla de visita. In Varane, Out Benzema aplaudido. 

Partido empatado. El Barcelona con superioridad numérica se arrojó de cabeza en busca del triunfo. Martino volvía al ADN barcelonista colocando en cancha a Pedro y Alexis. Iniesta que rozó la perfección, hizo un recorte con el balón cosido al pie. Alonso se lo llevó por delante evidenciando imprudencia. Penal.

Messi frente a frente con su destino, quería ser dueño de la pelota. La clavó, siendo estéril la estirada del verde agua. Con sus tres tantos llegó a 21 goles en un clásico y superó los 18 de Alfredo Di Stéfano, también argentino. Además, con 236 conquistas, es el segundo máximo anotador de la Liga, superando por dos a Hugo Sánchez. Y es el único del Barcelona en meter dos tripletes al Real.

Números colectivos 

En la previa la discusión en Cataluña era la inclusión de Alexis o Pedro por Neymar. Pero Martino se decidió por los “pequeños más Ney”. Fórmula que ha dado éxitos: el asalto al City y el partido de vuelta de los octavos de la Liga de Campeones el DT apostó por la misma alineación de ayer. En el clásico de primera rueda ocurrió lo mismo, pero aquella vez la inclusión del chileno desde la banca destrabó el partido. Contra el Atlético de Madrid  ha disputo tres partidos, todos empates. Siete partidos "grandes" y sin derrotas. El Tata Martino ha salido airoso en los duelos trascendentales disputados hasta la fecha con cuatro victorias y tres empates. El rosarino no conoce la derrota en los partidos marcados con cruz en el calendario y solo la irregularidad ante rivales de menos "caché" le ha complicado la existencia.

En la vereda de al frente el panorama es radicalmente diferente: Los equipos grandes no se le han dado muy bien al Real Madrid esta temporada. El equipo de Carlo Ancelotti sólo ha sumado un punto en los cuatro enfrentamientos ante Barcelona y Atlético de Madrid.

Hay Liga. Martino deberá esperar para que le obsequien un balón, por ahora todos son de Messi. Hay dueño del circo.