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jueves, 1 de mayo de 2014

"Ganar trae ganar"

Camisa Blanca abierta hasta el pecho. Caminata canchera, transmite seguridad. Cuaderno de tapa azul en mano derecha. Unos metros más atrás, Leonardo Rodríguez sigue la sombra del hombre indicado para suceder a Gerardo Pelusso. Baja un par de escalones, manosea el hombro de un tipo sentado que lo saluda e ingresa a la reunión junto a su gerente. Leo, sale del despacho,  habla por teléfono, no se mueve, se percata de que lo están grabando, empieza a caminar hasta ocultarse entre las plantas del lobby del hotel Intercontinental. La negociación debe ser secreta, oculta bajo siete llaves.

“Una buena alternativa”, dijo Federico Valdés. El ex presidente de Azul Azul se mostraba satisfecho después de la reunión: “Lo que necesitamos es un director técnico que le devuelva la mística a la U”, aclaró. José Yuraszeck, ex encargado de la comisión de fútbol; con Sabino Aguad, ex gerente deportivo, eran los encargados de llevar a cabo los acuerdos. El equipo buscaba una identidad perdida, pero la brújula parecía extraviada marcando dos maneras de interpretar el fútbol: Jorge Sampaoli y Diego Simeone.

 “Simeone es un técnico que está capacitado y podría ser entrenador de la U ahora, más adelante. Causó grata impresión en todo el directorio. Queremos un técnico que nos haga salir campeones, que tenga lo que se necesita para tomar el plantel que tenemos, más algunos refuerzos que vamos a traer, y que nos haga salir campeones”, señalaba el ex presidente planteando objetivos claros y ambiciosos. Repitiendo dos veces la palabra campeones. Finalmente, tomaron la decisión de contratar a Jorge Sampaoli y tener el ciclo más exitoso de la institución laica. “Tras escuchar los dos proyectos, finalmente yo voté por Sampaoli, sólo porque me sorprendió el conocimiento que tenía por el fútbol y cada jugador de la U”, agregó Valdés.

“Diego se siente identificado con equipos que han sido sufridos, que sientan la camiseta y que reflejen en la cancha lo que él era como jugador. De Chile conocía lo normal, como cualquier técnico extranjero y que se informa de todo”, declaró Rodríguez hace unos días para El Mercurio. Analizando el momento extraordinario que vive en Europa añadió: “Lo mejor que le pudo haber pasado fue no llegar a la U”.


Tras la temporada modesta del entrenador uruguayo: cuarto en el torneo nacional y no clasificar a Copa Libertadores 2011 llegaba el turno del ex director técnico de Emelec de Ecuador. Camisa blanca abierta hasta el pecho, mangas remangadas. Más joven. Pelado. “La U tiene un buen plantel que se acomoda a las exigencias sistemáticas de nuestra manera de jugar. Necesitamos buscar alternativas en la posición de enganche, jugamos con un conductor y creemos que es la necesidad del equipo”, señaló en su presentación.  

El padre de la criatura  

En este blog se ha destacado la identidad que posee el Atlético de Madrid. En Stanford Bridge el “cholismo” dio otra muestra de carácter y demostró que la identidad está ligada con los momentos del partido. “El Atlético ha controlado el partido, ha demostrado mucha madurez”, disparó José Mourinho. El partido comenzó con la traición del hijo prodigo: levantó los brazos pidiendo perdón, agachó la cabeza, quería cavar un túnel y enterrarse”.

Pregunto y desde España comentan que una de las claves del éxito es José Luis Pérez Caminero, director deportivo del club, y encargado de diseñar el plantel: el nueve es goleador de raza. El marcador de punta izquierdo es de un país con tradición en laterales. El central es uruguayo que no tiene problema de tirar la pelota fuera del estadio. El ocho nació en el club y tiene toque de balón español. El diez tiene magia y rebeldía turca. Además, a mitad de temporada contrató a Diego (con pasado colchonero) y José Sosa. El club ha reunido exiliados ídolos y ahora es puro aguante. Caminero también supo jugar en el Vicente Calderón y dormir en colchones rayados.  

El apodo de colchoneros nace durante la guerra civil, los colchones estaban recubiertos por una tela con franjas rojas y blancas. “Koke tiene un crecimiento enorme, cada vez que avanza los partidos grandes es más dueño del campo y de la pelota. Por su trabajo y humildad se lo merece. Es nuestro, quiere al club y eso nos pone muy contentos”, dijo el cholo en relación al mejor jugador de la cancha que a través de un sistema posicional fijo empezó a controlar el partido apoyado por la presencia física.     

Los medios españoles se desasen por el Atlético. Saben que Simeone creó un equipo formidable a su imagen y semejanza. Sorprendidos por su capacidad de convencimiento sobre los jugadores a los que hierve a SMS durante todo el día. Él sabe que si el mensaje se envía por distintos instrumentos la capacidad de recepción puede ser mayor. “En el fútbol todo lo que haces, ya pasó. Hay que pensar siempre siempre en lo que viene”, soltó el padre de la criatura.






miércoles, 9 de abril de 2014

Cholismo


Hay dos formas de adquirir la identidad en un equipo de fútbol: que los jugadores que se abastecen sean suficientemente capaces de aceptar el mensaje de forma rápida evidenciando categoría, o trabajar hasta el cansancio intentando cautivar y dar forma a una idea de juego. Pero, además existe la convivencia de las dos representaciones, si esto se logra, disfrutaremos de jugadores seducidos por una idea que aplicaran al pie de la letra.

Sin embargo, no es fácil entregar un mensaje que se materialice en identidad. Al contrario, a veces se desdibuja, el rival te somete impidiendo ser lo que eres o renuncias a tu esencia porque consideras que el camino más corto para acabar fundiéndote con la victoria es la traición a tu modo de concebir el horizonte. Puede venir del técnico basándose en sus experiencias que dejan aprendizajes. O el maestro se transforma amoldándose a la filosofía de la institución.  

“Ganar, ganar, GANAR y volver a ganar”, pregonaba Luis Aragonés entrenador del Atlético de Madrid durante 15 años en cuatro periodos distintos, logrando 8 títulos. En uno de sus ciclos deportivos, tuvo lo que es hoy, su mejor reproducción: Diego Simeone.


El cholo vive los partidos en una montaña rusa. Es el primero en levantar a la afición, el segundo es el mono Burgos. En los cuartos de final de la Uefa Champions League dio una lección que duró 180 minutos. El partido comenzó sin novedades: Barcelona intentando controlar el partido desde la posesión y el Atlético cubriendo  todos los sectores de la cancha. Intensidad y concentración combinadas. Lateral ofensivo, los culés no cortaron el principio que dice que desde un lateral no te pueden disparar al arco. Mal síntoma.

Courtois, al igual que en la Supercopa de 2013, lanzó un balón largo emparejando a Javi García contra Alba. Segunda pelota a la espalda de Mascherano, Adrián sin control remató, pegó en el palo. Tercera pelota, de la misma jugada, Koke abre para Villa que lanzó un gran centro, Adrián ganó de cabeza sobre Alba para que el máximo asistidor de la liga de España anotara sin dejar caer el balón. Abulia de los defensores, atraídos por la energía esferoidal. Gol de Koke.

La actitud no se negocia. Sin su juguete favorito los de Martino parecían desorientados en el terreno de juego: sometidos desde la posición del balón y territorial. Intensidad pura. Controles verticales, robar, correr, meter, chocar, volver a robar. En cinco minutos el Barca no pudo salir del área y los colchoneros seguían corriendo, robando, metiendo, chocando.

El “cholismo” desdibujó la identidad azulgrana: primer tiro al arco, centro de Alves desde la derecha, testaso de Messi desviado. Equipo frío. Marca férrea, llegando, a veces a triplicar al portador. Neymar, aun con descaro sudamericano intentó buscar el duelo uno contra uno, por escasos momentos triunfó, pero fracasó constantemente. Sobre el costado derecho, en su zona de confort, picó, tiró un caño efectivo y habilitó a Messi que volvió a fallar.  

La selección de jugadores favorita de Martino no hacía mella en el rival: sin punteros en cancha el juego se centralizaba cayendo en el embudo colchonero favoreciendo el choque. Lo atacó mirándolo a los ojos, había que colocarlo de costado. Escasearon los movimientos sin balón.

“Quiero a estos jugadores, jamás traicionan nuestra idea”, declaró Simeone. Sin especular el equipo local realizó un segundo tiempo inteligente. Interpretó los momentos del partido y a la hora de defender no escatimó capacidad atlética: recorrió un total de 110.303 metros contra 107.773 del Barcelona. El que más quemó kilómetros fue Koke con 12,260. Villa 9.149 y Messi 6.853 km. La identidad se relaciona con las fases del juego, un equipo maduro sabe cuando tiene que defender.

El reloj de juego comenzó a influir en las decisiones del entrenador catalán: fuera Fábregas e Iniesta adentro Alexis y Pedro. Lo intentó empatar con menos generación y más poder de fuego. "Habíamos hablado de la necesidad de juntar más delanteros si se daba el caso. Y para ello había que quitar a un interior. Lo hemos intentado así. Con el trajín de las últimas semanas lo veía (a Iniesta) un poco agotado", explicó Martino.
 
Y de repente, en 70 minutos de partido, todo el Atlético volvía a correr, a meter, a chocar. Aire fresco que casi se materializa en gol: Gabi tiró al bulto de Pinto. Las nuevas energías bajaban desde las gradas inhibiendo los movimientos de la visita que intentaba sin ideas. "Los jugadores siguen y siguen, siento admiración por estos jugadores. Más allá de quererlos, los quiero por cómo se entregan. La línea es del equipo, no mía. Y no la traicionan jamás. Las grandes batallas las ganaron quienes mejor las plantearon. Ellos no traicionan nuestra idea, porque hay un afecto y esto es de todos", expresó Simeone.

El hincha número uno continúa en la montaña rusa, se sale del área técnica, poco le importa. Dirige, corre, enarbola los brazos, reclama aliento. Koke, adentro, ordena, pide disciplina y calma. Godin transpira garra charrúa.

Noche europea soñada. Cuarta vez que Atlético llega a semifinales, la última vez había sido en 1974. Además, llevaba 10 partidos sin vencer a Barcelona, cuatro empates y seis derrotas. “No ganan siempre los buenos, ganan los que luchan”, añadió.