martes, 16 de julio de 2013

Cristian, Tévez y Vidal

Cristian vive en La Plata, antes y a veces vive en Quilmes. Ahora transita su país: un día se le ocurrió que quería respirar nuevos aromas, conocer nuevos paisajes, entregarse a otras conversaciones, ir a Viedma, recorrer la costa de Mar del Plata, y quién sabe si trasladarse hasta Misiones. Todo esto lo hace con su amiga. La primera vez que se enamoró fue cuando nació de River, delira con tomar el tren desde Calcuta a Bangladesh. Fanático de los videojuegos y del fútbol. Juega al FIFA donde, casi siempre,  prefiere a la Juventus de Turín: Buffon domina el área; Pirlo distribuye el balón; Vidal deja la piel en cada disputa y, en un futuro próximo; Tévez le dará un pase a la red. Cristian encontró la felicidad.

En esa sana costumbre de reinvertirse, sueña algún día con conocer otros parajes, volar igual que una jabalina y clavarse en un punto del mundo. Volver elegir a la Juventus: que Chiellini salga jugando desde el fondo, nada de pelotazos; que Lichtsteiner desborde a medio equipo rival para que Llorente tenga que empujarla de cabeza.  

Hasta donde sé, Tévez  nunca soñó con viajar en tren por la India. Tampoco lo imagino enamorándose de River. Pero un día quemó sus naves y convirtió sus sueños en goles: 38 gritos para Boca Juniors: celebración a lo gallina y expulsión. Cristian no había encontrado la felicidad. Después viajó a Sao Paulo, donde, nuevamente, fue ídolo y el presidente Lula Da Silva lo condecoró. Londres lo recibió y salvó al West Ham del descenso, otra vez, celebración descontrolada abrazando a los hinchas en los pulcros estadios ingleses. Cambió Londres por Manchester para ser protagonista y antagonista. Ganó todo, quemaron sus camisetas, pero el hincha ingles tiene mala memoria y al primer gol al ángulo fue ovacionado. Tomó el avión para desembarcar en Turín, al llegar, declaró: “ seguro tengo que correr mucho más que en Inglaterra".

Italia es fértil para los sudacas. Tévez llega a un plantel dominado por los patrones italianos que ganaron el mundial 2006 en Alemania. Pero dentro de esa hegemonía italiana aparece un sudamericano revalorado: con un corte de pelo inclasificable, se viste a su antojo y de modo alternativo, goleador del equipo, salió campeón y se puso la corona del rey Arturo.


Aparecerá un nuevo estilo musical: una fusión de cumbia villera con reggaetón. Cristian no estará feliz, a él le gusta los Ramones y quiere ir a ver a Ozzy Osbourne al estadio único. Tévez gambeteara entrando al área rival donde los defensas del calcio le cometerán falta, ahí el rey tomará el balón y se encargara de ejecutar la pena máxima. Celebración Sudamericana con baile incluido. Cristian estará feliz.



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