Encapuchados, políticos cagados de miedo, goleadas portentosas, protestas, golazos, barricadas incineradas, voces a favor de la igualdad y reclamos por el dinero invertidos en el show FIFA. Todo eso ocurre desde hace un mes en Brasil. Las primeras sublevaciones populares fueron en contra de la privatización del Maracaná, debido a la fantástica idea de los gobernantes de privatizarlo por el déficit que acarreará el mundial de fútbol. “O Maracaná é nosso”, gritó un puñado de valientes.
Desde
que comenzó la fiesta, las protestas se tomaron las calles de todo un país.
Escenario complejo. El documental creado por Polis Digital, “A Caminho da
Copa”, aborda diversas opiniones respecto al impacto positivo y negativo de la
preparación de dos mega eventos (Copa del Mundo y Juegos Olímpicos) no
cotidianos en una de las ciudades principales del país. Allí se muestran como
las casas son marcadas para el día siguiente ser expropiadas, como las
comunidades son fragmentadas de su vínculo social y, por supuesto, la represión
generada desde los gobiernos a manos de la policía.
La
FIFA aplaude la democracia brasileña y reconoce el derecho de protesta. Federico
Addiechi, coordinador de Responsabilidad Social de la FIFA, dijo hoy que las
protestas que ocurren en Brasil en plena Copa Confederaciones merecen
“aplausos” y demuestran el “vigor de la
democracia” que impera en el país. Pero si esto fuera cierto, la FIFA debería
ocupar un papel protagónico y, de cierta manera, unirse al clamor popular. O
mejor, podría cancelar la Copa Confederaciones, y ayudar al funcionamiento
legítimo y social del país, pero eso no puede ocurrir. ¿A dónde irían a parar
los millones de dólares que genera esta competencia?, esté organismo necesita
del opio de los pueblos para articular su red de mentiras y negociados.
En
este caso el futbolista aparece como un ser reflexivo. Dani Alves, fabuloso
lateral, declaró en Twitter: “´Ordem e progresso´ sem violencia por um Brasil
melhor, por um Brasil em paz, por un Brasil educado, por um Brasil saudável,
por un Brasil honesto, por um Brasil feliz”. David Luiz mostró preocupación por
las manifestaciones. "Soy un brasileño que vive afuera, pero amo a mi
país. Estoy a favor de una manifestación pacífica. La ciudad tiene derecho.
Espero que podamos llegar a un consenso y podamos tener un mejor futuro en
Brasil". El más certero en los comentarios como también lo era en la
cancha fue Rivaldo, que escribió: "Es una vergüenza estar gastando tanto
dinero para este Mundial y dejar los hospitales y escuelas en condiciones precarias".
Y agregó: “Necesitaba desahogarme, pues ya fui pobre y sentí en la piel la
dificultad de estudiar en una escuela pública y no tener un buen servicio de
salud". Pero
esto no es nuevo. En Sudáfrica ya se vivió el descontento popular y los
estadios construidos generan y generan pérdidas para el país de Mandela.
El
ingenio de los manifestantes muestra un vídeo de un protestante golpeando con
el pie una lacrimógena lanzada por la policía con el relato de Galvao Bueno
Narra, experimentado relator brasileño, porque en el país de la samba,
prácticamente todo es fútbol. La batalla cultural se está ganando, pero falta
ganar la batalla política.
Maldita
policía represiva, malditos político que usan al fútbol para engañar a los
pueblos reprimidos, Malditos señores de la FIFA. Viva el mayo del 68, donde un
grupo de futbolistas franceses colgaron un cartel en la federación francesa de
fútbol que decía: “Le football aux footballeurs”, el fútbol para los
futbolistas.
Fotos: Erick Dau
Fotos: Erick Dau


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