El primer gol
del Barcelona será recordado: lo anotó Neymar, después de una conducción
punzante de Iniesta que encontró un resquicio en el medio campo temeroso del
Real Madrid. La definición del astro brasileño, que se adaptó rápidamente al
mecanismo azulgrana, se ensució, pero no excluye mérito alguno. El segundo
tanto será recordado, pasará a la historia por ser el gol 3.000 ante el
merengue por la Liga, además de la excelente definición de Alexis.
En la previa
del partido la duda era: Fábregas de falso 9 o Alexis como delantero satélite.
Finalmente, el español ocupó la zona ofensiva del Barcelona aportando tenencia
y control, a cambio de velocidad y regate. Corría el minuto 70, el chileno
saltaba al terreno de juego: valiente, con ganas de soltar toda la energía acumulada
en la banca, pero sólo disponía te 20 minutos y monedas.
Barcelona
ganaba uno a cero, Real Madrid dominaba el territorio y se hacía rápido del
balón. Kedhira levantó, Mascherano miró que todos miraban y pegó un frentazo para
alejar los murmullos, Xavi con ojos en la espalda supo que Illarramendi le
respiraba en el dorsal, por lo cual no dio catedra de su control, sino de su
pasada para que Neymar hiciera todo bien: pecho, muslo (ya estaba corriendo) y
pase al vacío, aun cuando tenía al sol Messi a un costado. Marcelo sólo lo vio
pasar y nunca llegó a cruzarlo, pie a pie con el francés con cara de nada. No
fue hasta el fondo, fue cerebral, el raciocinio en función del enganche hacía
adentro y el atrevimiento en función del enganche para afuera. Cuando fue para
afuera midió a López. La pinchó, se elevó y la clavó, la estirada verde agua
fue en vano.


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