miércoles, 6 de noviembre de 2013

Australia Open: nunca estuvo tan cerca

“Es un día difícil para mí debido a mis condiciones”, se justificó Nadal después de la derrota. En el verano del 2007 vestía musculosa amarilla patito, vincha blanca Nike prominente para que su larga cabellera no le impidiera desarrollar su juego. “Lo he intentado no ha sido posible, no pude prepararme como me hubiera gustado. Hoy mi rival ha estado mejor que yo, pero la verdad es que mi condición física condiciono el partido. A lo mejor en otras circunstancias el resultado hubiera sido distinto”, así argumentó un 6-2, 6-4 y 6-3 frente a Fernando González por ese entonces número nueve del Ranking ATP. El escenario: Australia Open. Fase del torneo: cuartos de final.

El feña aplastó al español. Ahora en su camino se cruzaba Tommy Haas. El bombardero rayó la perfección de su tenis: 45 tiros ganadores y sólo tres errores no forzados. Por ese entonces Larry Stefanki, coach de González, mejoró una de sus flaquezas: el revés, convirtiéndolo en un drive defensivo que generalmente buscaba la mano menos hábil del rival. La prensa especializada no paraba de elogiar el progreso y lo enfocado que estaba el chileno. Myhalyi Csikszentmihalyi psicólogo, desarrollo el concepto de flow en el deporte: “es un estado en que la persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio placer y disfrute, durante el cual el tiempo vuela y las acciones, pensamientos y movimientos se suceden unas a otras sin pausa”. Santiago Segurola, periodista español, añadió el concepto para referirse al juego de González que venció 6-1, 6-3 y 6-1 al aleman en el mejor partido de su carrera.   

En la final aparecía el monstruo Federer. González sabía que el reto era aún mayor, por esos años el suizo dominaba “a piacere” el circuito y cortaba la cabeza de sus oponentes. La cancha número uno, Rod Laver, inauguraba el ojo de halcón. Y volvía a recibir a un chileno en la final: en el año 1998 cuando el torneo era más austero y la tecnología no evidenciaba el error humano, el pájaro Peter Korda derrotó por un triple 6 a 2 a Marcelo Ríos. Australia Open nunca estuvo tan cerca.

Es inolvidable esa final: en Chile la cordillera sacude los primeros rayos del sol, pero en Brasil, donde me encontraba para ver la final, el sol se fusiona con el azul del mar para ofrecer postales que no se olvidan fácilmente. Federer transmitía confianza, por eso entonces, tenía la imagen de un ser inalcanzable, un dios del tenis,  y su juego se caracterizaba por ser perfecto, creativo y agraciado. Al otro costado de la cancha, González vivía sus mejores semanas como tenista eliminando a dos top ten del torneo y su  juego iba al alza. 

 En el primer set no se sacaron diferencias hasta llegar al tie break. Federer rápidamente se ponía en ventaja por cinco a cero y la cabeza del chileno empezaba a debilitarse provocando auto dialogo negativo. Finalmente acabaría 6 a 2 el tie break acrecentando la confianza de uno y debilitando la del otro.

Los próximos dos set serían a favor del europeo por un doble 6 a 4. De esta manera el dios del tenis conseguía su tercer Grand Slam en tierras australianas. Y González alcanzaba entrar en los cinco mejores del ranking. “Él estaba jugando muy bien, en la cancha no se sentía mucho el viento y cuando uno tiene el viento a favor juega mejor, pero él me sorprendió que aun con viento en contra su juego era fantástico”, enfatizó Gonzáles después de la derrota y agregó: “ÉL fue el que me ganó, no perdí yo. Quizás hubiera sido diferente el partido si hubiera concretado las oportunidades a favor, pero no las aproveche y no jugué mal. Creo que hice un partido no tan bueno como los anteriores, el rival era otro, te presiona un poco más y prácticamente no comete errores”. Australia Open nunca estuvo tan cerca.  

          

1 comentario:

  1. el citófono sonó como nunca ese verano, en el 131 no paraba la joda nisiquiera a las 8:00 am

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