“Es
un día difícil para mí debido a mis condiciones”, se justificó Nadal después de
la derrota. En el verano del 2007 vestía musculosa amarilla patito, vincha
blanca Nike prominente para que su larga cabellera no le impidiera desarrollar
su juego. “Lo he intentado no ha sido posible, no pude prepararme como me
hubiera gustado. Hoy mi rival ha estado mejor que yo, pero la verdad es que mi
condición física condiciono el partido. A lo mejor en otras circunstancias el
resultado hubiera sido distinto”, así argumentó un 6-2, 6-4 y 6-3 frente a
Fernando González por ese entonces número nueve del Ranking ATP. El escenario:
Australia Open. Fase del torneo: cuartos de final.
El
feña aplastó al español. Ahora en su camino se cruzaba Tommy Haas. El
bombardero rayó la perfección de su tenis: 45 tiros ganadores y sólo tres
errores no forzados. Por ese entonces Larry Stefanki, coach de González, mejoró
una de sus flaquezas: el revés, convirtiéndolo en un drive defensivo que
generalmente buscaba la mano menos hábil del rival. La prensa especializada no
paraba de elogiar el progreso y lo enfocado que estaba el chileno. Myhalyi Csikszentmihalyi psicólogo, desarrollo el concepto de flow en el deporte: “es un estado en que
la persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio
placer y disfrute, durante el cual el tiempo vuela y las acciones, pensamientos
y movimientos se suceden unas a otras sin pausa”. Santiago Segurola, periodista
español, añadió el concepto para referirse al juego de González que venció 6-1,
6-3 y 6-1 al aleman en el mejor partido de su carrera.
En
la final aparecía el monstruo Federer. González sabía que el reto era aún
mayor, por esos años el suizo dominaba “a piacere” el circuito y cortaba la
cabeza de sus oponentes. La cancha número uno, Rod Laver, inauguraba el ojo de
halcón. Y volvía a recibir a un chileno en la final: en el año 1998 cuando el
torneo era más austero y la tecnología no evidenciaba el error humano, el
pájaro Peter Korda derrotó por un triple 6 a 2 a Marcelo Ríos. Australia Open
nunca estuvo tan cerca.
Es
inolvidable esa final: en Chile la cordillera sacude los primeros rayos del
sol, pero en Brasil, donde me encontraba para ver la final, el sol se fusiona
con el azul del mar para ofrecer postales que no se olvidan fácilmente. Federer
transmitía confianza, por eso entonces, tenía la imagen de un ser inalcanzable,
un dios del tenis, y su juego se
caracterizaba por ser perfecto, creativo y agraciado. Al otro costado de la
cancha, González vivía sus mejores semanas como tenista eliminando a dos top
ten del torneo y su juego iba al
alza.
En el primer set no se sacaron diferencias
hasta llegar al tie break. Federer rápidamente se ponía en ventaja por cinco a
cero y la cabeza del chileno empezaba a debilitarse provocando auto dialogo
negativo. Finalmente acabaría 6 a 2 el tie break acrecentando la confianza de
uno y debilitando la del otro.

el citófono sonó como nunca ese verano, en el 131 no paraba la joda nisiquiera a las 8:00 am
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