Hace algunos días leí un texto que escribió Eduardo Sacheri para el periódico La Nación. En el realiza una analogía entre un cuento de Quino y el desastre o el hallazgo de una situación futbolística. Me permitiré evocar aquella realidad protagonizada por Manolito y por Guille. En el primer dibujo, Guille, el hermano pequeño de Mafalda, pide a Manolito que le dé cuerda a un autobús de juguete. Con su rudeza característica, Manolito acepta el desafío. Procede girar la tuerca con excesivo rigor rompiendo el juguete en mil pedazos. Sin inmutarse ante el desastre, Manolito recoge la manivela de la cuerda, la hace girar sobre su eje y le dice a Guille: “Mirá el trompito, Guille. ¿Qué lindo el trompito, no?”. El niño comienza su llanto desconsolado y la conclusión de Manolito ante Mafalda en la última viñeta es definitiva: “Si este chico no aprende a valorar las pequeñas ganancias de las grandes pérdidas, va a sufrir mucho en este mundo”.
Como tantas veces en la vida nos enfrentamos a situaciones que nos dejan en la disyuntiva de Guille obligados a decidir entre el optimismo o pesimismo. Entre un hermoso autobús o un trompo que se generó de chiripa. Porque en definitiva “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino”, cantaría Serrat.
La derrota, y en consecuencia, la eliminación del mundial provoca esta situación. Un triunfo moral o una derrota digna. Positivismo o negatividad. Analizar el proceso o el resultado. El éxito es una construcción histórica, no llega por el azar, se construye de derrotas y victorias. Es un proceso brotado de matices. Como la vida. Hay que luchar noblemente por conseguir los sueños. Sin embargo, este discurso debe estar contenido por armaduras futbolísticas, de lo contrario, sólo sería una ilusión acabada. Y este es el caso: porque se encontró la forma de juego, una identidad que por años estuvo extraviada. Sampaoli fue capaz de transmitir y convencer a través de una idea clara, trabajada y aprendida. Interiorización de conceptos. Sin dudas, bajo esta suposición, algún día el tiro de Pinilla ira cinco centímetros más abajo y será gol.
Dios es brasileño y construye travesaños. Barbosa, arquero de 1950, quemó los postes del arco del Maracaná. Júlio César, debe beatificar aquel arco del Mineirao paseándolo por todo Brasil.
El deporte y el ser humano tienen la necesidad de ser analizado, juzgado y medido. Cada uno dispone de su propia vara y la instala donde le plazca. Lamentablemente, esa medición no posee dos lecturas, transita entre la dicotomía de fracaso y éxito. Concepción cruel y dañosa. Hagan memoria. El contexto era complicado: caer en el grupo B y enfrentar a los finalistas del mundial anterior. Si, se ganaba el grupo se zafaba, sino tocaba el anfitrión. Entonces, se manejó la teoría de la competitividad. ¿Ganar?, complicado. Pero perder como siempre, es decir, goleado por Brasil significaba retroceder en tiempo y forma.
No fue así. Chile Perdió decorosamente y dejando el cuádriceps izquierdo en cada jugada. Costó generar el primer pase en la zona de seguridad, porque Brasil sacó otro libreto que los partidos anteriores: Fred, Neymar y Hulk presionaron la zaga, evitando la salida pulcra. Empero, aun así, el equipo supo contrarrestar con pases largos para Vidal a la espalda de Alves.
El gol de Brasil llegó por un balón aéreo lanzado desde un tiro de esquina. Sin embargo, la selección siendo la más baja de estatura en el mundial no es inocente. Está muy lejos de ser un equipo que quema las naves y pierde por simplicidades. Ya que ante un problema generó una solución: te incomodan, te chocan, te empujan, te molestan. Manejando el tiempo y el espacio con la exactitud necesaria. Es cierto, que la desventaja numérica hirió por esta vía, pero el equipo minimizó, casi, al máximo el error.
Error grosero de Hulk en un lateral permitió recuperar en la zona de concreción. Resolución rápida, tres toques y pelota a la red. Celebración e ilusión. En el segundo tiempo, en esos primeros 30 minutos, llegó lo mejor de Chile: manejó el partido a voluntad y fue el momento de dar zarpazo. Lo tuvo, triangulación entre Isla, Vidal y Aránguiz, pero Júlio César voló y lo evitó. Sin embargo, los ataques no fueron sistemáticos, debido al cansancio físico, ni por convicción, ni por el agotamiento de ideas. Eso no se sabe, pero se bajó la persiana y cayó el tiempo extra.
Van 120 minutos de juego, no queda nada para ir a penales. Hay tres camisetas rojas frente seis amarillas. Alexis recibe de Pinilla que aguantó una pelota sin destino. Marcelo y David Luis intentan que el jugador del Barcelona no toque tranquilo, pero están cansados y no pueden achicar los espacios. Pase filtrado para el nueve, ganó la posición a Thiago Silva desplazándolo con el brazo izquierdo, consiguió espacio para sacar el derechazo, justo en el borde del área. La pelota viaja, Júlio César sabe que no podrá desviarla, recorre el aire de Belo Horizonte cargada de sueños. Clack. Uhhhh. Pegó en el palo y en el corazón de Chile. Los jugadores en el banco de suplentes se toman la cabeza, cubren sus rostros con las pecheras FIFA, golpean las caramañolas. La suerte del campeón ha hecho su aparición.
Penales. Narrativa dolorosa. Relato cruel. Historia conocida. Destaco la personalidad de Charles Aránguiz, minimizó al máximo el riesgo con una ejecución perfecta. Arriba cruzado, donde sólo llega Gordon Banks o Lev Yashin.
El viaje se construye al andar. El camino se traza al viajar. Hoy, la selección anduvo. Borró y escribió otra historia. Lógicamente, cuando la relación entre lo producido y lo que se obtiene es magro existe frustración, pero el fútbol tiene caminos indescifrables. Exigirán protagonismo en cualquier cancha que pisen, desde Wembley, pasando por San Ciro, hasta Maracaná. Por lo cual, el pensamiento básico, un poco conformista y pesimista que transpira desazón, y que ha golpeado a tantas selecciones y generaciones, debe ser extirpado, arrancado y enterrado. Golpe a golpe, pase a pese, verso a verso, gol a gol. Algún día el tiro de Pinilla ira cinco centímetros más abajo, será gol y allí estarán para verlo. Porque el fútbol exagera a la vida y la vida exagera al fútbol.




Buenisimo. Espero acordarme en unos 5 años más de esta columna para bien. Espero que sea el camino del éxito para nuestro fútbol Chileno
ResponderEliminarBuenisimo, como a mi me gusta .Me senti viviendo ese sabado paso a paso, tanto con situaciones como con emociones. ¡ Vamos Chileno! Felicitaciones
ResponderEliminar