miércoles, 29 de mayo de 2013

Robben, mucho más que un gol

Todo estaba ordenado en Londres. La curiosidad se hizo presente, ya que el día de la final ninguna gota de agua se dejó sentir. Escenario, el nuevo Wembley, se preparó para romper el hechizo. El velociraptor Robben marcó el segundo gol, por el cual su equipo se consagró campeón de la UEFA Champions League y destrozó el maleficio que circulaba: perdió las últimas cuatro finales que disputó siendo trascendental en la definición.   

El holandés Robben es modelo del fútbol europeo. La concepción que se ha instalado es de jugadores rápidos y habilidosos, nada de parsimoniosos. Explosivos con y sin el balón, la gambeta como recurso técnico, verticales hasta la línea de fondo y lanzar un centro atrás. Un ejemplo es el galés Gareth Bale, que en la actualidad, es disputado por los equipos grandes de Europa. Para este escritor un jugador sencillo como tantos otros. Sin embargo, al velociraptor siempre se le crítico lo que más se cotiza en el fútbol, el gol.  

Espectáculo en Wembley. Equipos sin ataduras tácticas, soltaron a volar la imaginación y la danza comenzó a fluir. Los unos marcaban el camino de una final cerrada y de pocos goles. En el segundo tiempo la realidad se impuso. El juego atildado del Bayern desgastó la imaginación del Borussia; Gündoğan fue absorbido por Javi Martínez; el velociraptor se juntó con su semejante para marcar el primer gol del partido. Klopp no se amilanó ensanchó el juego y, producto de una presión alta, llegó el penal y luego el empate.

A dos minutos del final, cuando todos esperaban la prórroga y los espíritus de incertidumbre buscaban llegar a los penales, apareció el velociraptor para cambiar la historia y su pasado oscuro. Boateng jugó un pelotazo largo de frente a los centrales, parecía un balón fácil para la última línea, Ribéry se movió del costado al centro y se paró de falso nueve, aguantó la pelota con el cuerpo e improvisó un taco hacia el punto penal. Repentinamente, apareció el velociraptor, tomó la pista y aceleró a fondo para quedar otra vez de frente a Weidenfeller. Otra vez frente a su pasado. Otra vez el grito de campeón se escuchaba en su cabeza. En el momento que se perfilaba, recordó el pelotazo en la cara a Weidenfeller. Recordó el control largo del primer tiempo. Recordó el penalti lanzado a manos de Cech. Recordó la punta del botín derecho de Casillas. Esta vez definió con un toque sutil, como Romario, venciendo sólo la humanidad del uno. Por suerte de toda una ciudad no escuchó los fantasmas de su cabeza. Con el gol, de cierta manera, se legitima ese estilo de jugador. La historia la escriben los que ganan. Robben por fin escribió la historia.    


1 comentario: