Todo estaba
ordenado en Londres. La curiosidad se hizo presente, ya que el día de la final
ninguna gota de agua se dejó sentir. Escenario, el nuevo Wembley, se preparó
para romper el hechizo. El velociraptor Robben marcó el segundo gol, por el
cual su equipo se consagró campeón de la UEFA Champions League y destrozó el
maleficio que circulaba: perdió las últimas cuatro finales que disputó siendo
trascendental en la definición.
El holandés
Robben es modelo del fútbol europeo. La concepción que se ha instalado es de
jugadores rápidos y habilidosos, nada de parsimoniosos. Explosivos con y sin el
balón, la gambeta como recurso técnico, verticales hasta la línea de fondo y
lanzar un centro atrás. Un ejemplo es el galés Gareth Bale, que en la
actualidad, es disputado por los equipos grandes de Europa. Para este escritor
un jugador sencillo como tantos otros. Sin embargo, al velociraptor siempre se
le crítico lo que más se cotiza en el fútbol, el gol.
Espectáculo
en Wembley. Equipos sin ataduras tácticas, soltaron a volar la imaginación y la
danza comenzó a fluir. Los unos marcaban el camino de una final cerrada y de
pocos goles. En el segundo tiempo la realidad se impuso. El juego atildado del
Bayern desgastó la imaginación del Borussia; Gündoğan fue absorbido por Javi
Martínez; el velociraptor se juntó con su semejante para marcar el primer gol
del partido. Klopp no se amilanó ensanchó el juego y, producto de una presión
alta, llegó el penal y luego el empate.

Muy buena la crónica.
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